Tuesday, August 19, 2025

SOLITARIO



Eran las seis de una tarde lluviosa de domingo. El penetrante aroma a pollo a la brasa impregnaba cada rincón de La Esquina del Pollo, el templo gastronómico del barrio Los Aguacates. El local bullía con un murmullo alegre de voces, risas y el tintineo de los vasos, mientras familias enteras compartían el placer de la comida. De fondo, la voz melancólica de Roberto Carlos entonaba "Un Millón de Amigos".


En un rincón apartado, con la espalda levemente encorvada sobre la mesa de formica, Tomás era una silueta de resignada soledad. Bebía su cerveza de siempre, una Polarcita, que el mesero, avispado y conocedor de sus hábitos, le había traído casi antes de que él tomara asiento.


No había en su rostro, ya marcado por el tiempo, ni la crispación de la pena ni la furia de la rabia, solo una calma inquebrantable, como la de un viejo buque anclado para siempre en un puerto sin deseo de zarpar.


Tomás observaba de reojo a los comensales, sus risas francas y sus gestos cómplices. Por un instante, la imagen de una época pasada se superpuso a la presente: la de un Tomás joven, riendo también, y su familia, completa y bulliciosa, compartiendo la misma mesa en La Esquina del Pollo. 


La Polarcita, fría y amarga, era ahora su única compañía, el tenue bálsamo que prometía limar los bordes afilados de una existencia solitaria desde que los suyos, hace ya demasiado, habían cruzado la frontera.

Juan Rafael Sandoval Mata 

24/06/2025


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