Sunday, January 12, 2020
Monday, May 23, 2016
Sueños de Algodón interpretado por Julia Elena Rial
“Quien realiza la lectura crítica de un libro advierte que
está penetrando en el centro de un conjunto de signos prefigurados para otorgar
tal o cual sentido; capta, también, que esa simbología contiene significados no
explícitos, sentidos estos que pugnan por salir al afuera, que esperan
expectantes que se los proyecte, de manera de cerrar el círculo de la
significatividad. Pero es necesario encontrarlos, saber buscarlos, aprender a
hallar la señal desde la cual alzan la mano para asirse hacia fuera. Esta es la
labor del crítico: cristalizar en palabras aquello que el escritor ha dejado
tan abierto como oculto.” Texto de Mónica Maud, tomado de la Biblioteca virtual
Cervantes.
El texto anterior describe la bella y magistral tarea realizada por la exquisita pluma de
Julia Elena Rial. Leyendo, lo que solo
un avezado lector puede detectar, describir y asociar a técnicas utilizadas por
grandes de la literatura como García Lorca y Christian Anderesen. Para
encontrar hay que buscar, si encuentras es porque existe lo buscado, quiero
decir que advierte en su análisis Julia Elena que Marina Sandoval le ha dado
vida a Lucia, le imprime movimiento y le inyecta la pasión necesaria para
alcanzar sus sueños.
Leyendo el arte de Julia Elena, me imaginaba a un
experimentado chef degustando un exquisito plato, apreciando la presentación,
la textura, sabor, cocción, olores, acompañado por una copa de vino.
La grata impresión que me causó Julia Elena, cuando nos
conocimos en la presentación de KOKO, se ha agigantado al ir relacionándome con
su obra y estupenda capacidad de análisis.
Marina, eres afortunada de poder compartir y alternar con
personas ricas de verdad, que al hablar o al escribir son capaces de extraer lo
mejor de sí y de los demás y regalarlos a todos.
No he leído Sueños de Algodón y ya me imagino en un tablao
flamenco viendo a Lucía de tacones y castañuelas.
Juan Rafael.
El
Lenguaje cinético en los cuentos Sueños de algodón
de
Marina Sandoval
Una
narradora sin mediadores, protagonista de sus sueños, es Lucía, la muñeca a quien la
escritora Marina Sandoval convierte en hacedora de su propia historia. El 7 de
mayo en el escenario de la Biblioteca Estadal Agustín Codazzi de Maracay se
presentó el libro Sueños de algodón,
expresión de una muñeca que transgrede los límites de su cuerpo inerte, llevada
por el deseo de ser bailarina flamenca.
Movida por el lenguaje cinético de su creadora, se posesiona de un espacio
simbólico para crear una ficción dentro de su ficcionalidad.
Libro que ingresa por la puerta
grande de Cuentos infantiles venezolanos en este siglo XXI. Cuando los ritmos caóticos e incertidumbres conviven con
los andares cotidianos, Marina Sandoval
estructura sus cuentos al compás de móviles artísticos fraseados con la
fantasía de las manos de la muñeca Lucía que dice: “Muevo las manos como las
alas de una paloma al vuelo”. Las mismas manos que escriben, paso a paso, la
ilusión que el lector visualiza, oye y siente, porque Marina logra, con su
lenguaje, que giros, taconeos, y contorsiones se conviertan en música, color y
movimiento. Es así como la dinámica narrativa establece sus pautas originales en unos cuentos que
bailaron, el día de su bautismo, al compás de las Bailaoras de la Escuela de Flamenco “Amorcito
Gitano del Carmen”, a quienes la escritora dedica el libro.
La
muñeca Lucía nos enseña que la pasión es la hormona de la vida en ese estadio
de la infancia que precede a la reflexión. Tiempo en que la soñadora muñeca
crece rodeada de niñas, cuyas clases de baile español alimentaban sus deseos de
ser ella también “bailaora”. Como la
Bella Otero que repicó sus tacones al
compás de los octosílabos de La Bailarina
española de José Martí. Que “respira con los tacones/ el tablado zalamera…
O como la enigmática Carmen la Gitana que, desde el cuadro de Ignacio Zuloaga,
inspiró a Rainer María Rilke porque “Inflama su pelo a una mirada,/ y de
pronto, con arte osado, gira/ todo su
traje es ese celo ardiente… Al igual que los poetas, la escritora le imprime su
cadencia a un lenguaje en el cual cada palabra moviliza, con su sensualidad, el
significado audiovisual de vocales y consonantes, combinando el pensar y actuar
de Lucía en su contexto onírico, porque como ella dice” Yo creo en el poder de
la mente y los sueños”.
Marina mueve la imagen, la viste, la regodea, al
supuesto compás del cante jondo, porque para
ser “Auténtica bailaora necesito unos zapatos de Manuela Carrasco, con suela de
cuero y de fina piel por dentro, y por fuera los quiero rojos ¡ ah! Otra cosa
tacones de madera barnizados y con clavos.” Poco a poco la palabra de Lucía se
va escapando del control de su creadora. El lenguaje duplica la personalidad de
la muñeca, dualidad que encierra diferentes simbologías: temporales, visuales,
libertarias, de identidad.
La
posible bailaora, viaja en el tiempo, siente la afinidad con un García Lorca
que le dio prestigio al flamenco, cuando la cultura española lo tildaba de arte
impuro. Al compás del “Cirio, candil, farol y luciérnaga” del poeta andaluz,
Lucía replica al decir: “Cuando me emocionó soy ave, flor, noche y día”. Al
unísono con el poeta, la “bailaora” siente que el taconeo, las bulerías, los
giros, la floración de los dedos, esconden, no sólo el difícil aprendizaje del baile flamenco, sino también
el drama del rechazo social a un arte considerado inculto, hasta finales del
siglo XIX.
Así
Marina Sandoval pone en boca de la protagonista el juego de posibles
interpretaciones: desplaza la libertad en los misterios de una literatura
infantil expresiva, triste, que puede
ser desgarradora y trágica en la infructuosa realidad de un imposible. Como lo
leemos en Hans Christian Andersen, quien en el siglo XIX evoca la fantasía de
la prodigiosa animación de “los endemoniados zapatos rojos”. O en Julio
Garmendia quien en Cuento fantástico
revela la zona íntima de sus personajes
y reconoce que aventurarse en ellos es encontrar la realidad abreviada
de los sueños, que, aunque irreales, convocan a la presencia de un ethos
verdadero, siempre consciente de que sus personajes son: “¡Extravagancias! Como
si fuéramos otra cosa que ficticios que pretendemos dejar de serlo.”
En
Sueños de algodón no se
cierra el abanico, no cesan los taconeos, no naufraga la razón del sueño, perdura el halo de misteriosa pureza de una
muñeca que no vuelve a encerrarse dentro
de sí misma, porque es la palabra la que inflama la imaginación de Lucía. Ella
va inventando su propia rememoración, y su creadora, Marina Sandoval, desea que el
sueño no muera en el veloz transcurrir
de la infancia. Lo expresa Lucía cuando, en el último cuento, Los zapatos rojos dice: “El taconeo de
mis zapatos despertará a Blanca Nieves y a la Bella durmiente y a todas las
princesas que duermen en el bosque o en el fondo del mar…”
La escritora juega al encanto de lo ilógico,
aquel que le hizo decir a Goethe en Werther
“Pero, Señor, ¿estará escrito en el destino del hombre que sólo pueda ser
feliz antes de tener razón o después de haberla perdido?
Julia Elena Rial
Bibliografía
Andersen,
Hans Christian. (2005).Cuento completos.
Madrid: Cátedra.
García
Lorca, Federico.(1977). Obras completas.
Madrid: Aguilar.
Garmendia,
Julio. (2004). Tienda de muñecas. Caracas: Monte Ávila.
Goethe,
Johan W.(1981).Werther. Madrid:
Ediciones La Palma.
Martí,
José.(1952). Poesía. Buenos Aires:
Raigal.
Rilke,
Rainer María (2008). Antología.
Madrid: Ediciones Vitrubio.
Sandoval,
Marina. ( 2016). Sueños de algodón.
Maracay. Edición artesanal.
Thursday, March 31, 2016
CONFLICTO
VENEZUELA
El país ha sido sometido en
las últimas dos décadas a un permanente conflicto político que ha logrado entre
otras cosas herir de muerte la institucionalidad, desestabilizar la democracia
en su esencia y destruir el aparato productivo. Venezuela, hoy, es un país
dividido, polarizado, radicalizado, a un paso de pasar a mayores, recientemente
hemos visto manifestaciones violentas (ejecuciones, linchamientos) que no
auguran nada bueno.
El sector oficial ha tratado
de imponer un régimen socialista que es repudiado por buena parte de la
población y la oposición se ha enganchado en un conflicto que ha polarizado a
la población, permitiendo que la pasión se imponga a la razón y que, obcecados,
cada bando arrime la brasa a su sardina sin percatarse que, a pasos agigantados,
el país se deteriora y se nos escapa de las manos.
Un país en conflicto no
progresa, se anarquiza y termina transformándose en tierra de nadie. Venezuela
por tradición ha sido una tierra hospitalaria, razón por la cual, oleadas de
extranjeros la escogieron como destino para relanzar sus vidas, hoy vemos como
a diario cientos de compatriotas, en su mayoría jóvenes preparados, emigran en
busca de oportunidades, estabilidad y seguridad.
Paradójicamente un gobierno
que amenaza con las armas y las emplea para reprimir manifestaciones legítimas
de ciudadanos desarmados, que fomenta y permite la actuación de grupos armados
en el país, que en conocimiento de la actuación de los llamados Pranes en la
comisión de asesinatos, secuestros y narcotráfico, permiten su operación, hoy
es promotor de un dialogo de Paz entre la guerrilla y el estado colombiano.
El conflicto continúa, el 6
de diciembre de 2015, el pueblo buscando una salida a la terrible situación de
inseguridad, alta inflación, desabastecimiento de alimentos, medicinas,
repuestos, agravados por precarios servicios y un gobierno signado por la
corrupción a todos los niveles, votó mayoritariamente por los candidatos de la
oposición otorgándoles mayoría calificada con 112 diputados de 197 que
constituyen la asamblea nacional. Tirios y Troyanos sacaron el hacha de la
guerra y no la han guardado ni un minuto. Lo que pudo ser una válvula para
liberar presión se ha obstruido y amenaza con avivar más el conflicto.
Hasta donde llegaremos en este
juego perverso, los mecanismos civilizados para la resolución de conflictos que
hoy como país recomendamos a los hermanos colombianos abrazar, nos son vedados
a nosotros mismos. La población está cansada, indignada. Su inacción no es
porque esté agradada por la triste realidad que vive. Todavía confía en que la
dirigencia política del país evite que el pueblo se eche a las calles y se
genere una conmoción de tal magnitud que nos conduzca a una masacre o guerra
civil.
Es hora de construir puentes
y cruzarlos. Basta ya de discursos agresivos, vengadores, oportunistas y
pueriles. Hay que ceder en posiciones para lograr un clima en el que se pueda
negociar y acordar acciones que nos permitan, a todos, participar en la
reconstrucción del país, de su aparato productivo, de sus instituciones y sus
valores.
Estas reflexiones las
comparto con mis amigos en las redes sociales esperando a que contribuyan a la
solución de los conflictos que vivimos y que no podemos seguir postergando
enfrentarlos.
Saturday, September 10, 2011
La Ventana Azul
En una calle angosta, desigual y con aceras altas se encontraban ubicadas dos casas que parecían hechas con molde para tortas, no sólo por ser exactamente iguales, sino también debido a su semejanza con un ponqué cubierto de nevazúcar, daban la impresión de ser esponjosas y blandas al tacto.
A las casitas-torta les había sido arrancado un trozo de pared y en su lugar habían colocado una ventana de barrotes de madera, pintados de un azul intenso, de ese azul con el que comúnmente adornan sus botes los pescadores en los pueblos de la costa. Curiosamente las casitas quedaban una frente a la otra, de tal forma que en una fotografía podría pensarse que una de las dos era el reflejo en un espejo de la otra.
Dentro de una de estas casitas vivía Cecilia, quien hacía ya varios meses observaba con curiosidad un carro plateado, que debido al sol de la mañana reflejaba rayos de luz sobre su ventana e interrumpía sus sueños huecos y vacíos, o que, por el contrario, le hacían cerrar los ojos cuya mirada mantenía firme sobre el techo contando las varillas de caña amarga o siguiendo el lento y minucioso paso de una araña tejedora, que dicho sea de paso, era más laboriosa que ella. Cuando el destello de luz interrumpía su tranquilidad, Cecilia, con un impulso inusual y que sólo la invadía ante acontecimientos importantes, se levantaba de su cama y, silenciosamente, temiendo ser descubierta, se colocaba detrás de la ventana a medio abrir. En ese momento, el oído, la vista y el olfato le funcionaban con una sensibilidad que la dejaban pasmada y muy orgullosa de sí misma. Podía reconocer en cualquier parte ese carro, la mujer que lo conducía y sobre todo, el perfume tan sabroso que usaba –“Huele a billete... ese debe ser de bien lejos”-
Su distracción característica la dotaba de una concentración de cirujano. No dejaba escapar ni un solo detalle, disfrutaba al máximo esa vivencia que se iniciaba con el destello de luz en su habitación y culminaba cuando ya no le era posible ver el carro, ni oír el ruido del motor. No obstante, en oportunidades, estaba tan alejada de la realidad circundante que se quedaba atrapada dentro de la suya, aquella que vivía a través de la ventana, detrás de la pared esponjosa y en el círculo de imágenes que danzaban acopladamente en su cabeza cubierta de rizos color castaño.
Durante seis meses se repitió, sin mucha variación, la misma imagen delante de la ventana y cada vez la observaba como algo novedoso tratando de conseguir el detalle que le permitiera descifrar el enigma. Ese instante, esos minutos, llenaban su pecho y sus pensamientos; aunque aquellos que la conocían opinaban que no tenía ninguno. “¿Quién será esa mujé? ¿Será que tiene algo con Rolando? -El sale pá la puerta cuando se va y le da un beso”. Se hacía varias conjeturas y sufría por ellas, pero rápidamente las desechaba. “–No creo, esa señora parece muy fina y rica, para fijarse en un muchacho de pueblo y limpio. ¡Que va!” Pero su misma ansiedad la llevaba afirmar: “aunque no será la primera vez, yo lo he visto en novelas.”
Estos argumentos contradictorios la invadían alterando la tranquilidad de su rutina y sólo los olvidaba cuando el túnel del sueño la trasladaba tras la ventana vecina. Rolando, solícito, abandonaba el caballete y la recibía con su sonrisa de niño y gestos de hombre. La acariciaba y le hacía el amor dejando en su vida y en su piel restos de óleo húmedo que aún tenía en sus dedos. Al despertar, Cecilia corría al baño y se duchaba con abundante jabón para borrar cualquier huella que pudiera delatar sus amoríos.
Friday, September 9, 2011
La Ventana Azul
En una calle angosta, desigual y con aceras altas se encontraban ubicadas dos casas que parecían hechas con molde para tortas, no sólo por ser exactamente iguales, sino también debido a su semejanza con un ponqué cubierto de nevazúcar, daban la impresión de ser esponjosas y blandas al tacto.
A las casitas-torta les había sido arrancado un trozo de pared y en su lugar habían colocado una ventana de barrotes de madera, pintados de un azul intenso, de ese azul con el que comúnmente adornan sus botes los pescadores en los pueblos de la costa. Curiosamente las casitas quedaban una frente a la otra, de tal forma que en una fotografía podría pensarse que una de las dos era el reflejo en un espejo de la otra.
Dentro de una de estas casitas vivía Cecilia, quien hacía ya varios meses observaba con curiosidad un carro plateado, que debido al sol de la mañana reflejaba rayos de luz sobre su ventana e interrumpía sus sueños huecos y vacíos, o que, por el contrario, le hacían cerrar los ojos cuya mirada mantenía firme sobre el techo contando las varillas de caña amarga o siguiendo el lento y minucioso paso de una araña tejedora, que dicho sea de paso, era más laboriosa que ella. Cuando el destello de luz interrumpía su tranquilidad, Cecilia, con un impulso inusual y que sólo la invadía ante acontecimientos importantes, se levantaba de su cama y, silenciosamente, temiendo ser descubierta, se colocaba detrás de la ventana a medio abrir. En ese momento, el oído, la vista y el olfato le funcionaban con una sensibilidad que la dejaban pasmada y muy orgullosa de sí misma. Podía reconocer en cualquier parte ese carro, la mujer que lo conducía y sobre todo, el perfume tan sabroso que usaba –“Huele a billete... ese debe ser de bien lejos”-
Su distracción característica la dotaba de una concentración de cirujano. No dejaba escapar ni un solo detalle, disfrutaba al máximo esa vivencia que se iniciaba con el destello de luz en su habitación y culminaba cuando ya no le era posible ver el carro, ni oír el ruido del motor. No obstante, en oportunidades, estaba tan alejada de la realidad circundante que se quedaba atrapada dentro de la suya, aquella que vivía a través de la ventana, detrás de la pared esponjosa y en el círculo de imágenes que danzaban acopladamente en su cabeza cubierta de rizos color castaño.
Durante seis meses se repitió, sin mucha variación, la misma imagen delante de la ventana y cada vez la observaba como algo novedoso tratando de conseguir el detalle que le permitiera descifrar el enigma. Ese instante, esos minutos, llenaban su pecho y sus pensamientos; aunque aquellos que la conocían opinaban que no tenía ninguno. “¿Quién será esa mujé? ¿Será que tiene algo con Rolando? -El sale pá la puerta cuando se va y le da un beso”. Se hacía varias conjeturas y sufría por ellas, pero rápidamente las desechaba. “–No creo, esa señora parece muy fina y rica, para fijarse en un muchacho de pueblo y limpio. ¡Que va!” Pero su misma ansiedad la llevaba afirmar: “aunque no será la primera vez, yo lo he visto en novelas.”
Estos argumentos contradictorios la invadían alterando la tranquilidad de su rutina y sólo los olvidaba cuando el túnel del sueño la trasladaba tras la ventana vecina. Rolando, solícito, abandonaba el caballete y la recibía con su sonrisa de niño y gestos de hombre. La acariciaba y le hacía el amor dejando en su vida y en su piel restos de óleo húmedo que aún tenía en sus dedos. Al despertar, Cecilia corría al baño y se duchaba con abundante jabón para borrar cualquier huella que pudiera delatar sus amoríos.
Marina – Dic 1999 - Feb 2002
Sunday, November 7, 2010
POESIA
A la orilla del Mar
Juan Rafael Sandoval Mata
Puerto Pirirtu, Octubre 2009
A una Negra Bellisima que Amê
No te cause envidia ni sonrojos
el color negro de tu tersa tez,
porque nada hay màs bello que tus ojos
y ellos negros, muy negros son tambièn.
Que Dios, con su poder de Creador,
entre el negro carbon de la montaña,
puso el rico diamante, emulador,
de los rayos del sol de la mañana.
Y para iluminar los densos velos
con que quiso envolver la noche negra;
quitò al zafir sereno de los cielos,
la màs hermosa y rutilante estrella.
Y el vaso de tu cuerpo virginal,
que es negro, cual tus ojos y la noche,
como un recuerdo tu alma angelical,
guarda cual un diamante entre su broche.
Josè Vicente Mata Armas.
San Josè de Rio Chico, abril 1.902
A mis hijos al cumplir 56 años
Al hondo meditar de mis tristezas
que cual abejas zumban en mi alma,
como extasiada mi memoria, en calma,
se pierde de recuerdos en la maleza.
Cual reguero de luz de inmensos soles
rompiendo de mi pena el denso velo,
la visiòn de mis hijos...mis amores!
Josè Vicente Mata Armas
Campo Alegre, 18 de abril de 1.936
Mirada Poètica de la Muerte
Llegò la noche eterna
no cesa de llover...
solo hay tinieblas
Los rayos acerados inmovilizan todo
se detienen las manecillas del reloj
se cierran puertas
y la oscuridad penetra
Solo la luz de un cirio titila dèbilmente.
Larga noche, rodeada de rostros que son muros. La
aurora no regresa. No se oye el canto de los gallos...han
perdido la voz. No alcanzan a leer el pentagrama del
amanecer.
Marina Sandoval
Maracay, Octubre 2007
El murmullo de las olas que ensordece la tarde, distrae la mente, elucubrando en lo incierto donde ubicar los pensamientos que se multiplican y dispersan aceleradamente, traspasando el horizonte, escrutando el crepùsculo y persiguiendo a las gaviotas y aves marinas en su volar ordenado y patrullero.
Juan Rafael Sandoval Mata
Puerto Pirirtu, Octubre 2009
A una Negra Bellisima que Amê
No te cause envidia ni sonrojos
el color negro de tu tersa tez,
porque nada hay màs bello que tus ojos
y ellos negros, muy negros son tambièn.
Que Dios, con su poder de Creador,
entre el negro carbon de la montaña,
puso el rico diamante, emulador,
de los rayos del sol de la mañana.
Y para iluminar los densos velos
con que quiso envolver la noche negra;
quitò al zafir sereno de los cielos,
la màs hermosa y rutilante estrella.
Y el vaso de tu cuerpo virginal,
que es negro, cual tus ojos y la noche,
como un recuerdo tu alma angelical,
guarda cual un diamante entre su broche.
Josè Vicente Mata Armas.
San Josè de Rio Chico, abril 1.902
A mis hijos al cumplir 56 años
Al hondo meditar de mis tristezas
que cual abejas zumban en mi alma,
como extasiada mi memoria, en calma,
se pierde de recuerdos en la maleza.
Y penetra impasible el pensamiento
por aquel pado de ilusiones mil,
que todo fuè deleite en otro Abril
y en que hoy solo florece el sufrimiento.
Bruma sombrìa me empardece el cielo
tan rico ayer de tintes tornasoles,
màs, llega de repente en mi consuelo.
Cual reguero de luz de inmensos soles
rompiendo de mi pena el denso velo,
la visiòn de mis hijos...mis amores!
Josè Vicente Mata Armas
Campo Alegre, 18 de abril de 1.936
Mirada Poètica de la Muerte
Llegò la noche eterna
no cesa de llover...
solo hay tinieblas
Los rayos acerados inmovilizan todo
se detienen las manecillas del reloj
se cierran puertas
y la oscuridad penetra
Solo la luz de un cirio titila dèbilmente.
Larga noche, rodeada de rostros que son muros. La
aurora no regresa. No se oye el canto de los gallos...han
perdido la voz. No alcanzan a leer el pentagrama del
amanecer.
Marina Sandoval
Maracay, Octubre 2007
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